Dicen que nuestros pensamientos pueden ser nuestro peor enemigo. Quizás, tal vez. Pero hay que domarlos para que sean lo contrario.
Pienso que los verdaderos enemigos de cualquier persona que conviva con una enfermedad, o con cualquier otro abismo, son la apatía y el dolor.
A la primera se la puede vencer, al segundo mitigar… intentarlo al menos, pero sin ganas no hay nada.
Cuando te das cuenta de que no eres el
centro del mundo, ni de nada, sólo de ti. Es cuando puedes empezar a trabajar,
a darte cuenta de que hay gente que le importa tu bienestar tanto como a ti el
suyo. No luchas solo por ti.
Aprende a no ser egoísta.
La esencia de la vida es pasar sobre los
ratos malos para poder disfrutar de los buenos. Pero pasar sobre la maldad y la
torpeza del mundo, no quedarte anclado allí. Sólo tenemos una vida sin tiempo
para la tristeza, para dormirnos sobre ella.
No es fácil. No, no lo es. Sacar fuerza
de donde piensas que no la hay, ni crees en ella. Ni en ti. Pero algo, quizás
el amor o, tal vez, los sueños, te impiden cerrarte. Decir: se acabó. Porque,
no sé muy bien desde donde te gritan que hay algo más, que tiene que haberlo.
Si no quieres dar pena, no te la des a
ti mismo. Trabaja, lucha, sueña, enamórate. Siempre hay algo más.
Respeto y precaución siempre, miedo nunca.
La tristeza en pequeñas dosis y la mala hostia olvidada en un rincón.


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