
En realidad
me despierto pidiendo socorro, mi marido da la luz, me doy la vuelta y me quedo
dormida. Dos de las personas que mejor me conocen se ríen mucho cuando lo
cuento, la comicidad no me abandona y los tres sabemos que averigüé lo que me
pasaba, todo cuenta. Porque la cosa es
real y no una pesadilla.
Fue la
pasada Navidad viendo la tele. Hablaban de las contracturas en la espalda y de
los problemas respiratorios que pueden provocar sus ramificaciones. Y empecé a
unir cabos. Pero yo no soy médico, necesitaba consultarlo con un profesional.
Mi fisioterapeuta
me controla y trata, no el médico ni neurólogo aunque ellos lleven la voz
cantante. Tengo una contractura ‘detrás’
de un pulmón que bien podría ser la que me impedía descansar bien. Pero mi fisio me pidió tiempo, más que nada
para que yo observara.
Han pasado
dos meses, mis contracturas tardan en curar porque paso todo el día sentada,
tengo una escoliosis y escribo –ahora menos-. Pero los estiramientos, corregir
postura y los masajes de mi fisioterapeuta lo hacen llevadero. Estoy mejor.
Mi consejo,
para todos los que tienen mi enfermedad, es que sin perder de vista al
Neurólogo si os gastáis el dinero en algo que sea en un buen Fisioterapeuta.
No olvides
nunca que tú eres quien mejor te conoces. Y si te dicen alguna vez que tienes
asma sin preguntarte si te duele la espalda, como han hecho conmigo…, pues ni
fruto caso.